domingo, 25 de abril de 2010



Mi problema se relaciona con la necesidad de recuperar la experiencia del tiempo en la cotidianidad, debo aclarar que mi manera de entender la cotidianidad es como soporte de un mundo o realidad que no podemos negar, es la base que homogeniza la vida en que se imposibilita que "algo " ocurra debido a que está todo normado, una rutina que parte de un determinado lugar a otro, lugar que cada persona define y nos obliga a una suerte de exteriorización; es desde este lugar vaciado en donde se instalan las diferentes operaciones y dispositivos que actúan en favor de la recuperación de la experiencia del tiempo, entendiendo esto, no como el tiempo medido sino como el tiempo que es; aquí es pertinente hablar del concepto de Durée que plantea Henri Bergson que refiere a un  tiempo puro, la duración, estar siendo, lo cual  es negado por el cotidiano planteado anteriormente. La experiencia del tiempo permite la articulación de relaciones diferentes con el sí mismo; mi objetivo es apelar a estas relaciones. Tenemos  lo cotidiano como un lugar implícita y explícitamente controlado, en que una de las formas de exigir la permanente exteriorización del sujeto es a través de la visualidad; debido a esto es que mi idea consiste en  apelar a los sentidos que han sido desplazados (como por ejemplo el oído) para crear modos de conectar al sujeto con su interior (ideas, experiencias, afectos, memorias, etc.) para crear así espacios de intimidad consigo mismo, para reconocer y encontrarnos con nuestro "vacío-pleno" (Lygia Clark) dentro de la cotidianidad mencionada.


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