...Toda mi visión no es puramente óptica está más visceralmente ligada a mi vivencia del sentir, no solamente en un sentido inmediato, más en un sentido profundo que no se sabe donde está su origen. Lo que una forma puede expresar tiene sentido, para mi, en relación estrecha con su espacio interior, vacio-pleno de su existencia, así como existe un nosotros que se va completando y tomando sentido a medida llega la madurez. A veces, pienso que, antes de nacer somos como un puño cerrado que abre el primer dedo cuando nacemos y se va abriendo interiormente como petalos de una flor, a medida que hallamos el sentido de nuestra existencia, para un determinado momento tener conciencia de esa plenitud de un vacio-pleno (tiempo interior). En ese instante atingimos una concepción ético-religiosa que contraria a toda existencia de un Dios fuera de la gente: el está dentro de nosotros y es lo mejor que tenemos: la idea de vida y de muerte nos abandona cuando no existen esas dos polaridades. Lo que conseguimos transimitir en una obra de arte no es más que un momento de estática dentro de una dinámica cosmológica de donde venimos y para donde iremos. Es un flash de este infinito materializado en el finito. Como si fuese una parada del tiempo. Es un pedazo de eternidad. Un hombre en busca de su tiempo interior y cuando lo encuentra, él vivencia todo su origen. En ese momento traspasa la frontera vida-muerte. La angustia del tiempo exterior (un día despues de otro) que está relacionado con esa misma angustia existencial desaparece, pues se comienza a abstraer de esa realidad exterior....
Fragmento de: Clark, Lygia; "O vacio-pleno", Jornal do Brasil, 02 Abril 1960, Rio de Janeiro, Suplemento dominical, p. 5.
No hay comentarios:
Publicar un comentario